Peques con necesidades especiales

Peques con necesidades especiales

Hola Astronautas!

Hoy hemos subido a nuestro cohete de “La vida en peque” para invitaros a descubrir el mundo de los peques con necesidades especiales y los beneficios que aportan los juguetes en el desarrollo de sus habilidades.

Para empezar a introducirnos en este mundo, hoy nos vamos a centrar en las necesidades especiales de los peques con TEA (Trastorno del Espectro Autista), que explicado en grandes rasgos, es una disfunción neurológica que desde edades tempranas se manifiesta en una serie de síntomas relacionados con la interacción social, la comunicación y la falta de flexibilidad en el razonamiento y comportamientos.

A continuación os paso a detallar algunos signos que pueden ser indicativos de TEA (no todos los peques con TEA muestran todos los signos):

  • Carencia de interés por los otros niños.
  • Ausencia de juego simbólico (dar comer a las muñecas, hacer comida con la cocinita, etc.).
  • Poco contacto visual.
  • No acostumbran a hacer la risa social.
  • Poseen lenguaje nulo, limitado (por lo general repiten lo mismo que oyen) o lo tenían y dejaron de hablar. Y si poseen lenguaje, suele ser literal (no entienden las bromas, los chistes, los dobles sentidos ni las metáforas).
  • Evitan el contacto físico o les gusta poco.
  • Acostumbran a tener hipersensibilidad táctil, olfativa, gustativa y auditiva.
  • Reaccionan poco ante la voz de los padres, y en ocasiones parece que sean sordos.
  • Tienen una gran obsesión por los objetos, por ejemplo, les gusta traer en la mano un montón de piezas sin razón alguna.
  • A veces caminan de puntillas.
  • Suelen estar solos o se aíslan.
  • No pueden estar quietos en un solo lugar.
  • Giran, se mecen, o hacen movimientos repetitivos (como aleteo de manos).

Es importante aclarar que estos signos son muy generales, hay que tomarlos como una guía que nos puede servir si tenemos ciertas dudas, y si vemos que nuestro peque presenta alguno de ellos, nunca debemos diagnosticar por nuestra cuenta. Es importante comentarlo con el/la pediatra, y éste os derivará al mejor experto. Pensad que hay muchos grados de TEA, y su diagnóstico debe ser acompañado de juicio clínico, además de los conocimientos profesionales y criterios éticos necesarios.

De necesidades especiales hay muchas y muy distintas, pero para empezar hemos decidido centrarnos en las necesidades especiales de los peques con TEA (Trastorno del Espectro Autista) porque tenemos la suerte de conocer al pequeño “G”, de 3 añitos, diagnosticado de TEA de hace 6 meses. Su mamá y yo somos amigas desde hace más de 25 años, y le he pedido que nos explique su experiencia, cómo detectaron las señales, cómo vivieron el diagnóstico, qué cosas han cambiado y cómo lo viven actualmente:

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“Cuando el pequeño “G” tenía 2 añitos, empezamos a notar pequeños cambios en su comportamiento, así que no le quitábamos ojo de encima.

Nos dimos cuenta de que el poco lenguaje que había ido adquiriendo, lo perdía, que en la guardería no buscaba a los otros niños para jugar y en el patio siempre andaba solo deambulando. Poco a poco dejó de responder a su nombre cuando le llamábamos y cada vez nos miraba menos a la cara cuando le hablábamos. En casa tampoco jugaba demasiado con nosotros, y tenía fijación por juguetes muy concretos: puzles, encajables y hacer torres con piezas de todo tipo. También nos dimos cuenta que lo que más le gustaba ver en la Tv o en el I-Pad eran canciones en las que aparecieran personajes bailando o escenificando. Las miraba muy fijamente, como si estuviera aprendiéndose de memoria los bailes. A su vez,  nos alucinaba su lógica resolviendo puzles, emparejando colores y encajando formas.

En su relación con los demás (abuelos, tíos y amigos), nos dimos cuenta que actuaba distinto a cuando estaba con nosotros. Cada vez más quería estar solo con papá o con mamá, iba aceptando menos sus abrazos, les apartaba con el brazo, apenas les miraba y no quería jugar con ellos. Al principio pensábamos que simplemente era introvertido, aunque nos chocaba un poco porque nosotros somos todo lo contrario, ¡si hace falta hablamos con las piedras y somos hasta empalagosos!

Le dimos muchas vueltas al tema, entre nosotros hablábamos mucho de lo que veíamos y al ver que coincidíamos en que había cosas que no encajaban, decidimos comentarle nuestras dudas a su pediatra.

La primera vez que hablamos con ella nos dijo que era muy positivo que nos hubiéramos dado cuenta de esos detalles, y que era muy importante seguir observándolo antes de tomar una decisión, porque el niño era muy pequeño como para sacar conclusiones, y que cada niño tiene su propio ritmo. Entonces nos propuso hacer un par de visitas un poco más seguidas para ver su evolución y seguir hablando del tema. En esas visitas, fue observando los signos de los que habíamos hablado, y nos propuso derivar su caso al CDIAP (centro de Detección Infantil y Atención Precoz) correspondiente a nuestra zona. Allí fue atendido por una psicóloga que, tras varias sesiones de juego (algunas a solas con él y otras tantas estando también nosotros) nos dijo que sí que había aspectos poco desarrollados y que tenía signos de carencia de relación social, así que lo diagnosticó de TEA.

Os podéis imaginar el duro golpe que nos llevamos… Para un padre es muy difícil etiquetar a su peque como “autista”, todos queremos que nuestros peques estén sanos, sean felices y evolucionen perfectos, así que un diagnóstico de este tipo te deja bastante hundido… La mente a veces te juega malas pasadas, y pensar que nuestro peque quizá no hable nunca es muy difícil de asimilar… Pero lo que más nos preocupaba, sin duda alguna, es su felicidad, y que en el futuro, sea capaz de tener amigos, pareja y formar una familia.

La psicóloga nos ayudó a entender la importancia de saber que cuanto antes se haga el diagnóstico, antes se podrá actuar. Además nos comentó que hay muchos grados de TEA y que el de nuestro peque no era un caso extremo. Nos hizo comprender que si él es feliz y aprende a relacionarse, no tendrá ningún problema en hacer amigos, porque que carezca de habilidades para comunicarse no significa que no pueda aprenderlas. Así que afrontamos la situación con la mente abierta, y dispuestos a proporcionar toda la ayuda posible para que nuestro pequeño “G” tenga una infancia feliz y disponga de todas las herramientas posibles para poder desarrollar sus habilidades sociales.

Por suerte, nuestros padres (sus abuelos), han estado a nuestro lado desde que nos surgieron las primeras dudas, y nos han estado apoyando en todos los pasos que hemos ido dando. Están afrontando la situación de maravilla, con optimismo, con todo el cariño del mundo y, sin duda, son un gran pilar en nuestras vidas.

Explicárselo al resto de nuestra familia y amigos no fue fácil, porque no queríamos que cometieran el error de “etiquetarlo” y empezaran a tratarlo de manera distinta, pero por suerte, al explicarlo nosotros con total naturalidad, así lo vivieron ellos también. Somos conscientes de que en este aspecto, somos muy afortunados, estamos rodeados de personas maravillosas.

El diagnóstico se lo hicieron a finales de julio, así que nos pusimos en contacto con el colegio en el que lo habíamos matriculado hacía apenas un mes (en septiembre empezaba P3). Les explicamos la situación, y por suerte, el colegio cuenta con un departamento de educación especial, y desde que empezó el curso, el peque cuenta con una educadora especial que le ayuda a integrarse con el resto de compañeros de clase, le acompaña y le enseña a socializarse con ellos.

Desde entonces, una vez a la semana el peque tiene sesión con la psicóloga del CDIAP, que está en contacto permanente con las educadoras del colegio. Además, lo llevamos a control cada cierto mes con una neuropediatra. Por si os lo preguntáis, creo que es importante destacar que tanto la pediatra, como la neuropediatra, el colegio y el CDIAP son de entidades públicas, y cuentan con personal altamente cualificado. Por suerte, a nivel económico no nos supone ningún esfuerzo, y estamos convencidos de que nuestro peque no puede estar en mejores manos.

Puedo decir que nos sentimos orgullosos como padres, porque por el simple hecho de aceptar que nuestro peque es autista y necesita ayuda, tan solo unos meses después del diagnóstico, su evolución es muy significativa. Somos conscientes de que no hay una cura, pero también sabemos que en manos de profesionales nuestro peque está aprendiendo a relacionarse, a comunicarse y a expresar sus emociones.

En casa no hacemos nada especial, somos una familia normal, con nuestra rutina diaria de cole/trabajo, merienda, ducha y cena. El peque tiene los mismos juguetes que tienen todos los demás niños de su edad, aunque con algunos él juega distinto, a su manera. Además, cada vez nos busca más para que juguemos con él.  Creo que esta experiencia a nosotros nos ha enseñado a relativizar y a dar importancia a los pequeños detalles, porque para él un pequeño avance es en realidad un paso de gigante.

A día de hoy con lo que más disfruta ya no es solo con las construcciones y los puzles (que sí, le siguen fascinando), sino que también se lo pasa genial con la música y el baile (le encanta imitar coreografías), disfruta tocando instrumentos (el órgano, la flauta, la armónica, el xilófono… ), con los coches (hace juego simbólico haciéndolos rodar y metiéndolos en el parking), es un crack con la pelota (le encanta jugar a chutarla y pasársela con otra persona) y se relaja mucho mirando cuentos en nuestro regazo.

También ha empezado a relacionarse y a jugar con los otros niños de la clase, y todo el mundo le adora. Es muy cariñoso, siempre está riendo y ha empezado a decir algunas palabras sueltas. Cada vez busca más la mirada, y cada vez más es él quien busca el contacto de los demás.

Con el resto de familia y amigos su cambio ha sido espectacular. A día de hoy nuestro peque se lo pasa genial jugando con  ellos, se ríe, les busca la mirada, no tiene problemas por quedarse con ellos sin estar nosotros… ¡Se relaciona estupendamente con todos ellos!

Somos felices porque nuestro pequeño “G” es feliz. Se hace querer. Es entrañable. Es único. Es nuestro tesoro más preciado”.

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Es importante tener siempre presente el gran objetivo que tenemos como pilotos de la nave familiar: “El bienestar y la felicidad de nuestros peques”, porque nadie dijo que la aventura de ser padres sería fácil, así que esperamos que el testimonio de mi querida amiga os haya servido de ayuda.

Y para redondear el tema, nos gustaría finalizar el post hablando de juguetes.

Como ya sabéis, en nuestro planeta “La vida en peque” estamos siempre investigando los beneficios que aportan los juguetes para el desarrollo de nuestros pequeños exploradores, y teniendo en cuenta las necesidades especiales de los peques con TEA, os traemos algunas ideas de juguetes que podéis encontrar en nuestra web:

  • Juguetes multisensoriales (Tenemos muchas variedades: Bolas, Torres, Esferas, Bloques…): los juguetes sensoriales, con luces, colores, sonidos y texturas ayudan a los a mejorar su capacidad de concentración y posibilitan la estimulación del sentido del tacto, del oído o la vista.

Juguetes sensoriales para niños con necesidades especiales

Bloques sensoriales para niños con necesidades especiales

juguetes sensoriales para niños con necesidades especiales

  • Juguetes que favorecen la psicomotricidad gruesa (En la web puedes encontrar la Wobbel 360, la Tabla Curba de Wobbel, Bicicletas, triciclos y balancines…): Estos juguetes les ayudan a conocer su cuerpo y sus posibilidades de movimiento. Les permiten desarrollar diferentes destrezas como la flexibilidad y el equilibrio.

juguetes para niños con necesidades especiales

juguetes para niños con necesidades especiales

juguetes para niños con necesidades especiales

  • Juguetes para estimular la psicomotricidad fina (Verás que en la web tenemos muchos tipos de Puzles y encajables): para desarrollar la motricidad fina y la coordinación. A ellos les encantan y además, creemos que sus habilidades sociales también se desarrollan en el momento que trabajamos juntos para completar el puzle y nos vamos comunicando sobre lo que encaja y dónde encaja.

  • Juguetes para trabajar las emociones (Como nuestros Imanes Emoying de Wodibow): son especialmente útiles para explicar los sentimientos. En este caso, se trata de piezas de madera imantada que contribuyen a que se familiarice con las diferentes expresiones emocionales. Con ellas, los peques podrán formar emoticonos para expresar cómo se sienten en cada momento y les podemos explicar cómo nos sentimos nosotros.

  • Juguetes para el juego simbólico, social o de roles (en la web tenemos muchas variedades: Cocinita, casa de muñecas, mesa de carpintero…): Son juguetes excelentes para promover y desarrollar las habilidades sociales de estos peques mientras buscamos que jueguen y se introduzcan en un papel.

Queridos pilotos de la nave familiar, recordad que esto sólo son ideas generales, porque no todos los niños son iguales, así que no a todos les gustan los mismos juguetes ni aprenden los mismos juegos.

Y vosotros, ¿Conocéis algún caso de TEA? Si queréis compartir con nosotros vuestras experiencias con nosotros ¡estaremos encantados de leerlas!

Etiquetas maternidad juguetes

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